Un día después de hacerme muchas preguntas, decidí
enfrentarme a eso que todos dicen tener en algún lado, pero que muy pocos
sabemos manejar a nuestro favor, para convertirla en una virtud por decirlo
así. Aceptar que debo ESPERAR a favor de
mi misma se ha convertido en el eslogan de mi vida, y sobre todo tener la
disposición de reconocer que esperando se obtienen buenos resultados, y aún más
cuando de mi salud se trata. Mis prisas no me dejaban disfrutar de mi presente,
de un rudo presente pero que mal que bien siempre había algo bueno que sacar de
él.
El tener paciencia me ha ayudado a conocer cada
uno de mis miedos y sobre todo me ha ayudado a buscar herramientas de cómo
enfrentarlos de la mejor manera, a
disfrutar los avatares de mi vida con una sonrisa bien puesta e inimitable en
mi rostro. A valorar cada cambio que me ha hecho conseguir logros mayores, al
fin y al cabo con todo lo que estoy pasando soy una orgullosa Licenciada de
esta República, que no ejerce pero que fielmente algún día cuando Dios así lo
decida será la mejor comunicadora social, por algo he llegado hasta aquí.
Tomar la paciencia no como una reacción momentánea,
ni como la pasividad algo que para mí resultaba doloroso, es simplemente tomarse
con calma cada reto de la vida, tomar la paciencia como una fortaleza ante las
grandes o pequeñas pruebas que siempre la vida va a tener para nosotros. Quiero mantener una fidelidad con esta
fortaleza que descubrí de no verlo todo tan malo por más que así me parezca, a
que mi mente si es más fuerte que todo, este lleno de positivismo darle
grandeza a todo aquello que me ofrece la vida siempre y cuando me permita sonreír.
Quiero a partir de esta etapa de mi vida
tomar la paciencia como mi mejor rasgo, tomar calma para que suceda siempre lo
que deba suceder, al fin y al cabo nada de esto dependerá de mi sino del tiempo
que Dios decida yo deba esperar para retomar mi vida y volver a ser quien era
como dice mi médico. Quien con su sonrisa me supo decir “esta es una mujer de
temple”, a lo que supe devolver con la mejor de mis expresiones cargada de fe.
No tomo esto como un fracaso sino como una
experiencia que estoy segura que en pocos meses contaré sin este nudo en la
garganta y simplemente será una anécdota de la cual me sentiré orgullosa porque
la supe enfrentar como toda una dura. Que no me falte la paz, el apoyo y sobre todo
que nunca me falte la alegría, que es lo único que pido al despertar todos los
días. En estos pequeños detalles es que puedo decir que supe enfrentar la
paciencia y que ahora tratamos de llevarnos
lo mejor posible.
Elinor Navas
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