jueves, 23 de mayo de 2013

Cuando me dicen “Familia” se me pone el corazón grandotote…


Sí, yo tengo la dicha  gracias a Dios de poder tener eso que a muchos le falta, y es ese sentimiento de orgullo cuando me hablan de mi familia. Suena un poco increíble, pero cuando hablamos de amar a nuestra familia creo que encierra muchas cosas,  tanto sus virtudes como defectos, de eso va la vida, de vivir con lo bueno e ir aceptando lo malo.

Cuando hablo de “familia” para mi es una palabra tan grande que va desde mis amigos que con el tiempo han permanecido en mi vida, a pesar de tantas cosas y se han convertido en la familia que me tocó escoger, hasta aquellos que les decimos tíos, primos, hermanos, que de sangre no lo son,  pero que se han ganado más ese título que muchos que llevan tu sangre.  Yo considero familia a aquellos que han sido incondicionales, aquellos que antes de creerle a otro te pregunta a ti, esos que no escatiman cuando se trata de escucharte, esos que se calan tus malos y tus buenos días también, eso es ser familia.

Cuando te avergüences de tu familia, piensa en esto. Cuando estas en algún problema, cuando necesitas un abrazo, cuando necesitas un consejo, cuando solamente quieres estar acompañado por alguien, quienes están ahí? Tu familia. En el caso de la mía yo puedo decir que no necesitamos un motivo para reunirnos y ser felices riendo un poco de nuestra cotidianidad, de compartir lo mucho o lo poco de nuestras vidas, a veces tenemos nuestras diferencias, pero nos hemos convertido en más unidos de lo que jamás llegamos a pensar.
De mi semana creo que uno de mis mejores ratos es cuando me siento en familia, y hablo de mis papás y mi hermana,  cuando hablamos  de todo lo que hemos pasado, y de cómo hemos sido felices, no hemos necesitado tenerlo todo para valorar lo más grande que tenemos que es nuestra familia. Sabes! El sentir orgullo de dónde vienes, no tiene precio. Cuando te sientas a escuchar a tu papá  contarte todo lo que hizo con su esfuerzo por darte lo mejor,  te das cuenta que habían días en los que no tenía que comer, y es entonces cuando reflexionas, piensas que hay veces que tú solo te quejas porque no haya leche en tu casa, no le das el valor a veces por tener las tres comidas mínimo y hasta mucho más y que todo es gracias a él.  El orgullo que sientes por tener un papá así,  va más allá de lo posible.

Cada uno con sus historias, te hace quererlos y valorarlos cada día que pasa. Mi madre por ejemplo, es lo que yo llamaría mi luchadora N° 1. Esa le echa pichón como decimos en Venezuela, a todo lo que venga, ella siempre tiene una sonrisa, y la mejor disposición para nosotras, agradecida infinitamente.  La que se ha encargado de mantenernos firmes y sobre todo querernos con la vida, dedicarnos cada uno de sus minutos,  soy la mujer que soy gracias a sus consejos, a su orientación, mi dicha no tiene límites cuando recuerdo la bella familia que tengo. Y todo gracias a ellos.
Solo se trata dedicar unos segundos para valorar la familia que se tiene, sea mucha o poco, que pero valorarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario